Valentino tiene 22 años. Le preguntás qué siente cuando gana una apuesta y responde sin vueltas: “Es una nueva droga. La adrenalina que te da apostar no te la da ningún otro lado. Te dura cuatro o cinco minutos y después ya nada te sacia”. Del otro lado está un joven de 20 años que prefirió no dar su nombre. Empezó apostando entre amigos a los 17 y terminó viendo cómo un compañero vendía ropa, perfumes y camperas para seguir jugando. “Sé que es malo, pero está muy normalizado”, admite. En pleno Mundial 2026, sus historias ayudan a entender por qué las apuestas deportivas preocupan cada vez más a los especialistas.
Luego de cuatro años, la Copa del Mundo llegó con partidos todos los días, con Argentina en cancha y con las casas de apuestas online haciendo lo que mejor saben: estar ahí, accesibles, sin preguntar la edad ni el suelgo. Nunca fue tan fácil abrir una cuenta, transferir plata y apostar en tiempo real a que Brasil hace dos goles o a que el partido termina con ambos equipos en gol. Y nunca hubo un evento que concentrara tanta atención juvenil durante tantas semanas seguidas.
Lo que pasa en la cabeza
Juan Francisco Messina es licenciado en Psicología, egresado de la UNSTA, e integra el equipo de Primera Escucha de la Secretaría de Estado de Políticas Integrales sobre Adicciones de Tucumán. Para él, el Mundial no crea el problema: lo amplifica. “El ser humano siempre tuvo una relación con el azar y con la idea de acertar. El problema aparece cuando se suma la expectativa de obtener dinero de manera rápida y sin esfuerzo”, explica.
Según el especialista, el riesgo aumenta cuando la experiencia deportiva queda en segundo plano. “Deja de ser entretenimiento cuando la persona ya no está interesada en compartir el partido, disfrutarlo o seguir a un equipo. Lo único importante pasa a ser acertar el resultado”, señala. Y cuando eso empieza a afectar áreas concretas de la vida: los vínculos, la familia, el trabajo, el estudio.
"El problema no es la pantalla sino la relación que se les permitió tener con ella, sin el cuidado que siempre va a ser una muestra de amor", dice. Y agrega que el desconocimiento de muchos adultos sobre los efectos de esa exposición profundizó el daño. Las señales de alerta son: insomnio, cierta exaltación sin causa aparente, el celular siempre en la mano.
Los más afectados: los jóvenes
Un relevamiento de la Cruz Roja sobre 11.400 jóvenes —realizado entre agosto y octubre de 2025— arrojó que seis de cada diez adolescentes tienen algún tipo de exposición a las apuestas. El 12% ya arrastra deudas. El 80% considera que las restricciones actuales son obsoletas. El dato no sorprende a quienes trabajan con jóvenes en Tucumán, pero tiene un peso concreto: no hablamos de casos aislados.
La consultora Opina Argentina aportó otra cifra: el 16% de los jóvenes de 16 a 29 años realiza apuestas online, casi el doble que la media de la población general (9%). Los varones son más propensos (11%) que las mujeres (5%). Y el 39% de los menores de 29 años encuestados conoce a alguien de su entorno afectado por la ludopatía.
"Si ganás, ya al rato querés jugar de nuevo"
Valentino apuesta al turf pero también al fútbol, sobre todo cuando juega Boca o Argentina. Lo describe como una pasión, no un vicio. Pero cuando habla de la adrenalina que da apostar, algo en el relato cambia de temperatura: "Es una sensación que no te la da nada otro. Pum, ganás, te dura la euforia cuatro, cinco minutos, y después... ya nada te sacia. Mañana vas a querer jugar de nuevo".
Dice que entre sus amigos las apuestas son muy comunes — "en estos últimos dos, tres años, muchos apuestan" — y que la facilidad para abrir una cuenta en cualquier plataforma lo aceleró todo. "El casino no te pregunta cuántos años tenés ni de dónde sacás la plata. Se volvió muy fácil". Tanto que, cuenta, ya se puede apostar en un hipódromo de Dubai desde el celular.
Reconoce que hay algo adictivo en el mecanismo, aunque lo llama de otra forma: "Lo veo como una nueva droga. Y está muy normalizado". Entiende la diferencia entre apostar contra la casa — donde las probabilidades siempre están del lado de la plataforma —. Pero en el fondo, la lógica es la misma: la promesa de ganar más de lo que se pone.
La abuela, el perfume, la campera y el Mundial
El joven de 20 años que prefirió el anonimato empezó igual que muchos: apostando entre amigos, sin plataforma, sin cuenta bancaria. River contra Boca, el que perdía pagaba. De ahí al casino virtual fue un paso corto. Las redes hicieron el trabajo: publicidades en Instagram, videos en YouTube, el logo de una casa de apuestas en la camiseta del equipo favorito.
Lo que lo marcó no fue su propia experiencia sino la de un amigo. Primero fue una camiseta en venta. Después un perfume — uno que él mismo le había visto usar y que el chico quería mucho. Después una campera. "Al principio no me di cuenta", dice. "Después hablé con él y sí: era para apostar". Le dijo que no estaba bien. El amigo siguió.
Cuenta otro caso: un amigo que acudía a su abuela —jubilada, con un ingreso mínimo— para pedirle plata. "Sabe que la abuela le va a dar porque lo quiere. Y no son apuestas chicas". El Mundial, para él, intensifica todo: "Son partidos todos los días. Si alguien ya está mal, va a buscar plata todos los días para apostar".
Él mismo apostó 100.000 pesos un día de mediados del año pasado, recién había empezado a trabajar. Perdió. Volvió a cargar. Perdió de nuevo. "No te das cuenta y te entrás a la cuenta y está esperado. Es jodido". Dice que sigue apostando de vez en cuando, que en el Mundial todavía no apostó, pero que cuando juegue Argentina piensa hacerlo. "Dependiendo el ánimo", aclara. Y se ríe un poco.
Dónde pedir ayuda
Messina insiste en que el acceso a la información temprana es clave. "La idea siempre es que cada referente barrial, cada referente escolar sea un puente: no solo que la secretaría concientice, sino que quien nota el problema pueda acercar a ese joven antes de que sea más difícil".
La Secretaría de Estado de Políticas Integrales sobre Adicciones — conducida por Lucas Origo Pose — funciona como punto de contacto y derivación. Los CEPLAS (Centros de Atención de Adicciones) están disponibles para quien quiera consultar o pedir ayuda, sea el joven que empieza a notar el problema o el familiar que lo ve desde afuera.
El anónimo de 20 años tiene un consejo para un chico de 15 que está en eso: "Que lo dejen. Que recién están empezando y están a tiempo. Después es más jodido, cuando manejás tu plata y podés verte envuelto en deuda". Lo dice con la tranquilidad de quien ya aprendió algo — o cree que sí. Pero cuando le preguntás si va a apostar cuando juegue Argentina, la respuesta es rápida: "Sí, en One X Bet". ¿La cantidad? Ya verá, dependiendo su ánimo. Como ocurre con miles de jóvenes, el próximo partido todavía parece una oportunidad.